La frase con la que inicio este escrito, encierra un sinnúmero de Amores que profesamos y alcanzamos en la vida; dando particular importancia al amor de nuestros padres. Con este primer sentimiento, crecemos y nos alimentamos. Llevados por la vida tomados de sus manos, sin ellos decírnoslo… Aprendemos a Amar.
Al encontrar el Amor que nos acompañará el resto de nuestras vidas, soltamos la mano del Padre; más no sus enseñanzas.
Es por ello que La Biblia dice: “Por eso el hombre deja a sus padres para unirse a una mujer, y son los dos una sola carne” Génesis 1,24.
Amamos, lo que hacemos, y lo sueños que forjan nuestros hijos, un hobby, algún alimento o bebida, en fin, muchos seres y enseres. Y es allí, donde está nuestro error.
Debe existir una disociación entre lo humano y lo material.
Sería Utópico solicitar aquí Amar lo divino; pues, su misma condición: DIVINA IMPIDE SER AMADA, Y MENOS DE UNA FORMA BELIGERANTE.
Dluros.
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